Conceptualmente no pueden considerarse enfermedad, ni la perspectiva de género con que debe interpretarse nuestro ordenamiento jurídico permite tal consideración

La cuestión a dirimir en este recurso de casación para la unificación de doctrina era la de si la incapacidad permanente absoluta reconocida a la recurrente, como consecuencia de las complicaciones y lesiones que sufridas durante el parto, deriva de enfermedad común o, por el contrario, de accidente no laboral.

Conceptuar la incapacidad en un sentido u otro tiene un notable interés cuantitativo: el INSS le reconoció incapacidad permanente absoluta para todo trabajo derivada de «enfermedad común», con derecho al percibo de una pensión con base reguladora de 565,63 euros/mes; sin embargo, la incapacidad permanente absoluta para todo trabajo derivaba de «accidente no laboral» le otorgaría derecho al percibo de una pensión en la que la base reguladora de la pensión sería de 979,54 euros/mes.

El TSJ de Castilla y León en la instancia del procedimiento consideró –siguiendo a lo señalado por el propio Tribunal Supremo en su jurisprudencia anterior- que el accidente no laboral se caracteriza -frente a la enfermedad común- porque «el accidente se produce por una acción súbita, violenta y externa, mientras que la enfermedad supone un deterioro psico-físico desarrollado de forma paulatina, que no obedece a una acción súbita y violenta», y que en el caso se produjo «un elemento súbito y violento» pero el acontecimiento no puede calificarse de «externo», en el sentido de «ajeno a la propia persona», por lo que rechazó que la incapacidad de la trabajadora derivara de accidente no laboral, sino que deriva de enfermedad común.

Sin embargo, la sentencia del TSJ de Cataluña que sirve de contraste, partiendo de esa misma jurisprudencia del Tribunal Supremo, señaló que lo que caracteriza la noción de accidente no laboral, frente a la enfermedad común, no es la lesión -que es elemento coincidente en ambos conceptos-, sino el ser un accidente, es decir, una acción súbita, violenta y externa, por lo que cuando la causa de la lesión viene directamente producida por una causa externa, y no por un deterioro psico-físico desarrollado de forma paulatina, estamos en presencia de un accidente no laboral.

Pues bien, el Tribunal Supremo entra en materia señalando, en primer lugar, que el accidente no laboral se define legalmente como aquel que «no tenga el carácter de accidente de trabajo», y que el concepto de enfermedad común se define por contraposición a las enfermedades profesionales y a los accidentes de trabajo.

El punto de fricción entre la interpretación contenida en ambas sentencias viene dado por tanto por la consideración de si lo ocurrido durante el parto fue o no una acción «externa». Y no es fácil su identificación –confiesa el Tribunal- pero no cabe duda que lo ocurrido durante el parto no fue un deterioro desarrollado de forma paulatina -propio de una enfermedad-, sino que se asemeja más a la acción súbita y violenta inherente al concepto de accidente. Por otro lado, el embarazo y el parto no son, en sí mismos, ninguna enfermedad, lo que aleja más ese concepto de la resolución jurídica del supuesto de hecho.

Y de ahí llega el apunte de la perspectiva de género: el embarazo «hecho biológico incontrovertible», es un elemento diferencial que, «por razones obvias, incide de forma exclusiva sobre las mujeres» –jurisprudencia del Tribunal Supremo-. Por otro lado, la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres es un principio informador del ordenamiento jurídico y, como tal, se integrará y observará en la interpretación y aplicación de las normas jurídicas –Ley orgánica 3/2007 (Igualdad efectiva de mujeres y hombres)-.

Pues bien, aplicado al caso resulta que lo sucedido en el parto de la recurrente difícilmente encaja en el concepto de enfermedad, ajustándose con mayor naturalidad al concepto de accidente; de hecho, es más forzado considerarlo enfermedad común que accidente no laboral. Pero, por si la expresión de acción «externa» pudiera generar alguna duda, como lo ocurrido a la recurrente en el parto solo le pudo suceder por su condición de mujer, la perspectiva de género proclamada en la referida Ley Orgánica 3/2007 refuerza la interpretación de que el hecho debe considerarse accidente no laboral y no enfermedad común, pues sólo las mujeres pueden encontrarse en una situación que no tiene parangón con ningún otro tipo de circunstancia en la que se acuda a la atención sanitaria. La utilización de parámetros neutros conduce a un resultado contrario al principio de igualdad efectiva que nuestro ordenamiento consagra.

 

(Sentencia Tribunal Supremo, Sala de lo Social, de 24 de junio de 2020, recurso n.º 201/2018)

 

 

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